El año del turismo

Tribuna abierta

El año del turismo

El turismo es un gran invento». Así titulaba Pedro Lazaga su famoso filme protagonizado por Paco Martínez Soria y José Luis López Vázquez, que dibujaba un idílico panorama para el españolito medio de los 60 y 70, en aquella España oficial de Fraga (y Franco) donde se trataba de llenar de un futuro lleno de technicolor y «daba-dabas» musicales. Y de alguna forma, como en un bucle sin fin, ahí estamos de nuevo. La «democratización del ocio» ha convertido el turismo en una actividad masiva de nuestro tiempo y con una huella económica, ecológica y de todo tipo muy alta, que afecta a quien viaja y a quien recibe. Y en nuestra ciudad se perfila como uno de los temas claves en el desarrollo y en la propia identidad, diseñando cómo se ve Córdoba a sí misma.

La cuestión se ha convertido en uno de los asuntos más centrales en nuestra ciudad, más si cabe que en otras, debido al incremento cuantitativo de esta actividad en un contexto de crisis económica, altos niveles de desempleo y una estructura económica débil con pocos sectores que impulsen la actividad y grandes trabas a la iniciativa y a la innovación. Y un contexto internacional convulso que ha desviado desde países de nuestro entorno a miles de turistas más a nuestras calles.

El turismo está diseñando sigilosamente el perfil de nuestra ciudad. Cambiando la orientación de nuestra actividad económica y cultural o comenzando a cambiar los usos y los habitantes de calles y barrios completos como la Judería, la Ribera, caminando por la calle Lucano hacia el Potro. Los apartamentos turísticos crecen y las empresas de intercambio de habitaciones, mal llamadas «colaborativas», también. Pero las cifras de desempleo no bajan en temporada alta: parece a falta de estudios más profundos, que el turismo no está creando empleo, o al menos no empleo que se registre. Mientras, la conversación pública sigue centrada casi exclusivamente en las «pernoctaciones» y en la cantidad, silenciado el resto por el aumento de visitantes gracias al escenario de inestabilidad en el Mediterráneo y Europa. Estamos ante una nueva burbuja especulativa y cuando estalle puede que haya cambiado la faz de la ciudad.

Ante la falta de rumbo actual, conviene rescatar ideas y trabajos anteriores como el 2º Plan Estratégico de Córdoba en su documento central, la Estrategia Integrada Córdoba 2010 cuya línea de acción número 7 (de 10) se dedicaba a la proyección de la ciudad como destino turístico cultural comenzando por un Plan Integral de Turismo Sostenible. Sin entrar en la definición de turismo sostenible, la idea central sigue estando vigente y es clave. Si no hay una estrategia integral y consensuada con diferentes agentes del modelo a largo plazo y se improvisa a golpe de burbujas especulativas, el turismo devora su propias fuentes y afecta gravemente a la ciudad. Conocemos ejemplos nefastos.

Y es que asuntos como la capacidad de carga de determinadas áreas, el efecto multiplicador (o no) de la actividad, el efecto sobre modos de vida local o la expulsión de la ciudadanía y la especulación sobre el precio de la vivienda (la llamada «gentrificación»), la distribución de los beneficios de esta actividad económica en manos de touroperadores y de grandes cadenas hoteleras, el tipo de empleo (o subempleo) que se genera… Son claves en el diseño de un modelo propio equilibrado, justo, sostenible (en el tiempo y en el entorno) y responsable con el cuidado de una ciudad milenaria.

Afortunadamente, hay quien ha mantenido las brasas del debate encendidas y en las recientes Jornadas de Etnocórdoba, grupo de estudios socioculturales de la UCO, las conclusiones no pudieron ser más claras: es necesaria una política local que comprenda que el turismo es una actividad que afecta a toda la ciudad, tanto en territorio como en habitantes, a múltiples dimensiones, tanto económicas como socioculturales, y al desarrollo de nuestra vida ciudadana, y que por tanto deben ponerse en marcha políticas públicas que no permitan que se dirija esta actividad exclusivamente por los agentes económicos implicados, sino por la participación de toda la ciudad, y que cuide de la precarización laboral (especialmente feminizada) y eviten que la ciudad acabe siendo un parque temático de sí misma, con una cultura postrada ante la atracción de visitantes o una sobreexplotación de nuestro entorno natural (Sierra, río). Y, cómo no, que cuide de la continuidad de un patrimonio cultural (material e inmaterial) que, si se deforma o desaparece, nos destruye a nosotros mismos.

Muchos retos y muchas incógnitas para un año que comienza. Si el año 2016 iba a ser el año de la cultura, y se nos fue como una sombra de lo que pudo ser, el 2017 debe ser el año del turismo, del turismo sostenible, responsable, equilibrado, y beneficioso para toda la ciudad. Que sea un gran invento sí, pero para el bien común y sin borrar nuestra identidad.

* Concejal de Ganemos Córdoba

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