Relatos victoriosos

Con el golpe del 18 de julio de 1936 y la guerra civil no sólo comenzaba un nuevo sistema totalitario, se instalaba un relato cultural triunfante, con raíces y con una vigencia actual asombrosa y poderosa al mismo tiempo. 

La exposición ‘Campo Cerrado’ en el Museo Reina Sofía hace un repaso somero a la construcción e instalación en nuestro hardware colectivo de ese relato, de esa visión de nuestra cultura. Buen título, esclarecedor, que nos presenta la vida ‘nacional’ como algo eterno,inmutable, basado en la relación con la naturaleza, el clima, el paisaje de una España rural idílica, religiosa en el sentido etimológico, capaz de religar, de unir lo cotidiano con lo divino, a través de sus fiestas y tradiciones populares. 

De esta forma, el cine, la pintura, la poesía, o la arquitectura se dedicaban a recrear de forma hermosa las prácticas que se consideraban connaturales a la vida y al ritual diario, estacional y vital del españolito (y españolita, que era su mejor transmisora). El arte se convirtió en una poderosa arma de modelaje de los espíritus y las mentes. Grabado queda. 

Cualquier otra posibilidad fue vista como ajena, extraña y extranjerizante. Moderno era sinónimo de peligrosa corruptela, y cambio asimilado a riesgo.

 

Cualquier cambio profundo que queramos iniciar pasa por incidir en este modelaje mental que aún permanece como cadena de binomios en una gran parte de la población en España. No se reparte por igual en el territorio y aquellos que se han liberado de este relato están en trance de separación con el conjunto, si no lo están ya. 

Urge construir un relato alternativo, que quizás trate de entender por qué el anterior funcionó como un reloj y acercarse a las estrechas relaciones con la naturaleza y la tradición sin considerar las prácticas culturales de la mayoría como algo vulgar necesariamente. La demonización de las clases populares, como ha descrito Owen Jones, nos conduce a desastres.

Esta ruta es antigua, Federico García Lorca la exploró, el fulgurante Ocaña ardió fortuitamente por ello y El Niño de Elche hoy interpreta ese relato con mucho arte y con conciencia de sus posibilidades de transformación.  A construir.

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