Amenaza de peste

” … le bacille de la peste ne meurt ni disparait jamais…”

Albert Camus. La peste.

Revisar a Camus y su obra “La peste” nos puede deparar alguna que otra sorpresa al contemplar como nos describe algunas características del espíritu humano y de nuestras sociedades que, de manera cíclica, salen a la superficie como las ratas de su obra, portando los males que nos conducen, cíclicamente, a las zonas fangosas de la historia de nuestra especie.

En la lucha fatídica contra esa metafórica peste, los personajes de la obra de Camus, retratan diferentes característcas de nuestra especie, la capacidad de lucha, de resistencia, la tenacidad, el egoísmo, el altruismo, la generosidad, el miedo, la racionalidad, la irracionalidad, un cierto misticisimo… La balanza cae del lado de los valores que han conservado a nuestra débil especie en este planeta, es decir, los que tienen que ver con pensar en los otros individuos y la generosidad.

En el trance de la lucha se desvela lo mejor y lo peor de nosotros en un momento impreciso de los años 40 en la ciudad de Orán. Pero cualquier lugar y época esconden una amenaza de peste como la descrita por Camus.

Siguiendo la actualidad, por encima de lo cotidiano, de lo pequeño, vemos cómo las ratas están saliendo por las alcantarillas más miserables, portando enfermedades antiguas, de orígenes conocidos. Asistimos silenciosos al ascenso de la pobreza, de la eliminación de derechos básicos, de la criminalización de aquellos que sufren, mientras que, al tiempo, se enaltece el valor del dinero, de lo búsqueda del beneficio sin más. Al compás de esta música bailan las nuevas ratas que vuelven a ondear banderas al viento, proclamando la supremacía de una o determinada nación (imaginaria o real, grande o pequeña) y culpabilizando al extranjero ( ay, Camus otra vez…) o incluso a los mismos empobrecidos y castigados de las desgracias patrias.

Unas ratas que ondean sus banderas, sus insignias y consignas, en un agua turbia, fétida, corrupta, donde la moral pública se ha venido abajo desde tiempo ha, y que, con el beneplácito del poder, salen de nuevo a la calle, como si el tiempo no los hubiera borrado de nuestra memoria. Viven un amanecer dorado. Están ahí. No las vemos. Portan males ancestrales. Los que llevamos dentro de nosotros mismos. Cada uno.

Añoran las pestes pasadas. Infectan sigilosamente. Estamos bajo amenaza de peste.

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