#Reiniciarlademocracia. Una Segunda Transición.

“Living is easy with eyes closed, misunderstanding all you see”.
Strawberry fields forever.
Lennon&McCartney.

Vivir es fácil en este pequeño rincón del sur de Europa con los ojos cerrados, desentendiéndonos de lo que ocurre, refugiándonos en lo que aún nos no han quitado, suprimido, recortado, o simplemente, eliminado. Cada mañana, muchos (cada vez menos) se dirigen a su trabajo o sus ocupaciones tras haber digerido cómo se repartían sobresueldos, cargos, asesorías o canonjías por aquellos que nos obligan a perder nuestros empleos, cerrar nuestros negocios o ver disminuidos progresivamente nuestros salarios. Pero el mensaje de que esto es inexorable sobrevuela nuestras cabezas a modo de profecía autocumplida, es decir, profecía que hacemos real gracias a la falta de reacción.

Del rey abajo,  ninguno de nuestros poderes está libre de la podredumbre moral a la que asistimos. El edificio rezuma un hedor insoportable, aunque están a nuestra disposición poderosos desodorantes que salen de nuestros reproductores de televisión y de la prensa de papel. El edificio que muchos habían mitificado como modelo indestructible, ha devenido en una especie de Titanic político que se dirige hacia cualquier iceberg de envergadura que sea capaz de hundirlo. Mientras seguimos paseando por la cubierta escuchando la orquesta que nos adormece.

Sin duda, atravesamos una crisis económica y otra crisis política. Pero la verdadera y profunda crisis se trasluce a través de las vestimentas translúcidas de las otras. Es una crisis moral, de “costumbres” en el sentido etimológico del término. Nuestra forma de vida, c’est finie. Game over.

Las opciones que se abren ante esta situación nos llevan a un dilema casi hamletiano. O reiniciamos todo nuestra estructura de vida política, económica, social y cultural, o estamos abocados a seguir despeñándonos por la miseria moral que nos corroe (además de por la miseria económica).  Este ser o no ser ante el que nos situamos nos llevará a seguir adelante durante un tiempo impreciso, ante la caída en las manos de algún predicador populista o, incluso, ante algún “cirujano de hierro” que quiera supurar las heridas causadas por nuestro sistema de transición.

Antecedentes históricos no nos faltan. Cualquier estudiante de bachillerato lee los textos de fines de la Restauración cuando a comienzos del siglo XX se hablaba de la necesidad urgente de regenerar España, sumida en la corrupción y el descrédito de la política bipartidista lampedusiana del “que todo cambie para que no cambie”. No hay que ser lector muy avezado para percibir los paralelismos. De esos lodos, surgieron al menos dos salvadores (esos “cirujanos de hierro”) que sumieron a España en una miseria moral mayor y en una incapacidad para regir nuestros propios destinos que aún se dejan sentir en nuestra vida pública.

Estamos pues ante un dilema moral. Reinciar todo desde unas bases más sanas, más sólidas, compartidas, debatidas sin tabúes… o caer en la inercia y esperar al iceberg. Para ello, como mínimo deberíamos reiniciar desde 1975 o  1977. Lo que nos lleva a tres decisiones prácticas:

  • Dimisión del gobierno en pleno.
  • Convocatoria de elecciones constituyentes bajo una ley electoral democrática y transparente.
  • Redacción de una nueva constitución y refrendo.

Tras estos pasos, que parecen inalcanzables, pero que han ocurrido en un buen número de ocasiones y no ha sido tan traumático como los agoreros de lo posible vocean  haría falta un proceso de reinicio general, en el que como mínimo habría que incluir:

Reiniciar del sistema electoral. Estamos ante un déficit de representación tan enorme, que debería ser el primero de los aspectos a reconstruir del todo. Listas abiertas, con nombres y apellidos a los que votar y reclamar, circunscripción única y territorial, donde un partido con cientos de miles de votos no quede fuera del parlamento y otro obtenga grupo parlamentario, y donde el voto de un partido fuerte valga varias veces más que el voto de un elector minoritario. Un ciudadano, un voto. Añadamos, además, un contrato reclamable con mecanismos claros de control, y la sana costumbre de presentar sus políticas en sus respectivos territorios o circunscripciones. Sin duda, hay otros aspectos que deberían incluirse, sobre todo, técnicos.
Reinicio de la forma de estado. Sí, planteamiento en referéndum de la forma de Estado, monarquía o república. Si somos capaces de salir de la adolescencia como pueblo, la monarquía, como relato paternalista que remite a un origen mítico, habrá dejado de ser operativa. Sin rencores, pero sin pausa. Si no, sigamos transitando hacia la edad adulta.
Reinicio de la estructura de estado. La vía autonómica fue un intento de reflejar por la vía de enmedio la enorme pluralidad de los pueblos que habitan España. Pero no hay pueblo que pueda pertenecer a un territorio y Estado si no es de forma libre. Deberían estudiarse distintas formas que dieran cabida a distintas sensibilidades nacionales sin convertir el Estado en reinos de taifas proclives a la creación de administraciones paralelas caras, ineficientes y poliltizadas.
Reinicio del modelo económico. El modelo de artificio financiero debe terminar. El socialismo para ricos debe parar y dejar caer a los que fallaron y nos llevaron a un riesgo suicidad. En su lugar, el Estado puede invertir su energía y fondos en recuperar una banca pública comercial más sostenible a largo plazo y abrir el mercado a otro tipo de entidades financieras que reviertan más en el bien común. En algún sentido, el viejo modelo de cajas tenía algunas bondades, que fueron pervertidos por el control de los grandes partidos. Recuperemos el sentido social de la actividad económica en general. Apoyemos y fomentemos actividades económicas productivas que reviertan en muchos ciudadanos. Sostengamos al pequeño emprendedor en su lucha e imaginación y no al gran especulador y al que tiene gran poder de mercado.
Reinicio del modelo energético.Ésa es una de las claves de bóveda del edificio económico y político en el que nos hallamos inmersos. En un país de viento y sol, como decía el poeta, aún seguimos sufriendo una dependencia del modelo viejo de la revolución industrial, basado en los hidrocarburos y en quemar, agotar, explotar recursos finitos controlados por pocas manos. Ese control se traspasa sutilmente al control de los medios por estas compañías y, por ende, de los principales partidos, sentados cómodamente en sus consejos de administración.
Reinicio del modelo educativo. Pero no una reforma, no. Pensemos en qué sociedad vivimos y queremos vivir. Veamos cómo la creatividad, el pensamiento divergente, la cooperación y el trabajo en red son valores que no se compadecen con nuestro modelo escolar, centrado en lugares cerrados y en la transmisión por el profesorado a individuos sentados esperando a que suene una alarma de fábrica. Eso ya no vale. No se trata de unas materias u otras. Es el modelo, los espacios, los tiempos, los lugares. Y recuperemos el viejo valor del esfuerzo, el trabajo y lo bien hecho. Y de lo bueno y lo bello. La educación hará de nuestro país y de nuestro mundo lugares más habitables.
Reinicio de nuestro modelo de convivencia. No puede ser que estemos siempre aparentemente divididos en bandos irreconciliables. Hagamos foros públicos donde podamos debatir de todo, sin medias tintas, convirtamos los medios públicos en medios para todos, abiertos, bajo un control y transparencia totales. Hagamos que cambiar de opinión sea una sana costumbre. Que hablar la lengua de otros sea un aprendizaje común.
Reinicio de nuestra cultura. Sí. La hermana pobre de las crisis. Pero la base de nuestra sociedad. Pese a que los economistas incultos han tratado de invadirlo todo, son los valores culturales los que mueven incluso la forma de usar el dinero, de alterar la oferta y la demanda. No es una externalidad sino una parte intrínseca de nuestra manera de actuar en la vida. Pero debe ser una cultura democrática, extendida, barrio a barrio. Un país lleno de bibliotecas y lugares de tertulia ciudadana, de creadores (no de divos subvencionados) y de espectadores que participan y opinan saludablemente. En esto somos una potencia. Tenemos una lengua internacional, una ventaja comparativa, dicen. Y somos una potencia en la diversidad lingüística y cultural. Hagamos una virtud lo que ha sido un martirio innecesario y saquémosle rendimiento.

La relación de asuntos a reiniciar podría ser más larga. Pero lo que está claro es que, parafraseando a Ortega y Gasset en su artículo “El Error Berenguer” en el diario El Sol el 15 de noviembre de 1930, “delenda est monarchia”.  La monarquía ha de ser destruida. Pero no sólo la Corona sino todo el edificio de la Transición. Cuando Don Juan fue a visitar a Adolfo Suárez, éste le dijo, “D. Juan, de Franco no queda ya nada”. A lo que Don Juan de Borbón, contestó, “No, quedáis mi hijo y tú”.

¿Acaso nos queda otra opción moralmente soportable y sostenible en nuestro siglo que avanza? Sí, cerrar los ojos y desentendernos de todo, a ver si hay suerte y no nos caen los cascotes.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s