¿Qué crisis? Hacia una segunda transición.

“The sleeping, and the deaths, are but as pictures”

William Shakespeare, Macbeth, Acto 2, Escena 2.

El panorama general que presenta nuestro país en estos momentos es desolador. Pero no por la prima de riesgo elevada de nuestra deuda, sino por la crisis moral y política en la que nos hallamos sumidos. Nuestras insituciones, creadas tras la Transición política y el fin del régimen franquista crujen en sus cimientos porque pierden credibilidad sin cesar. Desde la Monarquía, sujeta a una debilidad enlazada a los escándalos de tipo económico, y puro reflejo de la época que hemos vivido, hasta el más alto representante de la justicia, presidente del Consejo General del Poder Judicial, enzarzado en una cuestión aún por dilucidar de uso de nuestro dinero público para placeres y disfrutes personales, todo parece resquebrajarse.

La desconfianza en los partidos políticos sigue subiendo a niveles cada día más preocupantes, fruto de un sistema cerrado y oligárquico (en el más puro sentido etimológico), que hace que el relevo de un mal gobierno sea protagonizado por los gestores del gobierno anterior que vuelven sin más, sin haber asumido ningún desgaste político, porque la estructura de los partidos (auténticos sistemas totalitarios) mantiene a los mismos líderes gracias al control de los aparatos de poder interno. La posibilidad de que los ciudadanos renueven esos partidos es cada día menor. Los ciudadanos que se acercan a estos partidos, generalmente se acercan con fines no precisamente democráticos (véase Gürtel o los ERE andaluces). El resultado es que nos gobiernan los mismos desde hace lustros, y sin mucha posibilidad de renovación a la vista…

La situación de descrédito de los sindicatos es muy similar. Dichas organizaciones son parte de un sistema político, han aprovechado su cercanía durante tiempo, y sus reivindicaciones son puestas en solfa por sus defendidos, que los han percibido como ausentes durante largo tiempo. Sin duda, necesarios, son vistos como parte de los que nos dirigen, más que como los que nos defienden. Y eso debería preocuparnos a todos, porque los ciudadanos de a pie no tenemos muchos instrumentos para defendernos. Su pertenencia a los consejos de administración de Cajas arruinadas es el último eslabón en esa cadena de desprestigio.

La crisis de nuestro sistema financiero retumba en su caída. Bankia, Cajasur, CAM, Caja Castilla-La Mancha… Nuestro ladrillo comprado a crédito cae sobre ellos sin que nadie lo hubiera previsto suficientemente y con consecuencias funestas aún por desarrollar. Nuestra economía centrada en una carrera sin límites por dar crédito e insuflar falso fuel en ella está celebrando su funeral. Y los responsables de todo siguen sin dar explicaciones, sin tener consecuencias, cobrando indemnizaciones millonarias y  sin posibilidad de explicaciones ni siquiera parlamentarias.

Es evidente que todo esto está encadenado a la crisis global, desencadenada por las ya famosas hipotecas subprime, loncheadas y distribuidas por el mundo como un virus letal, pero que ha encontrado en nuestro enfermo un digno cuerpo en el que reproducirse. Dónde mejor podría vivir dicho virus que empezó por un codicia irresponsable que en nuestro solar ibérico.

Y es cierto también que ha puesto en evidencia la crisis política europea, una parálisis autista obsesionada sólo con la austeridad que nos lleva hacia el fondo y que deja de un lado de momento la respuesta política. O se produce más unión fiscal, política y cultural o la Europa que conocemos se extinguirá. Y los fantasmas que pueden recorrer esa Europa son de sobra conocidos.

El resultado es que la suma de todas estas crisis nos lleva a una crisis sistémica nacional: de la Corona al modelo social  y político de la Constitución, todo debe ser puesto en cuestión. Porque lo que funcionó en un momento histórico determinado, ha dejado de servir. Nuestra democracia está secuestrada desde hace tiempo.

Es el turno de algo absolutamente nuevo, sí o sí. Un nuevo modelo de democracia más transparente,  del fin de la partitocracia y la cleptocracia, del planteamiento del modelo de Estado y su forma, del sistema electoral, del control de nuestros representantes, de una participación más activa y constante de los ciudadanos…

Es el momento del fin del gasto suntuario, del gasto excesivo por encima de nuestras posibilidades,  de mejores gestores controlados por los ciudadanos y del inicio de la responsabilidad por parte de todos. Sin más

Es el momento de ponernos a la altura del mundo en que vivimos empezando por  un nuevo modelo de educación y de investigación. La apuesta número uno debe ser la educación, la investigación y la innovación. Con una línea común, encender el deseo de saber, la curiosidad, la creatividad y la innovación, conseguidas a través del esfuerzo personal y colectivo, y una actitud de colaboración y de comunicación en red de nuestros aprendizajes. Debería marcar el fin de una cultura académica anquilosada y claustrofóbica

Nuevos modelos energéticos más distribuidos y más independencia del exterior (patentes españolas)… una tercera revolución industrial a nuestro alcance que nuestras eléctricas maridadas al poder político (literalmente, véase la familia Cospedal o la asesora Salgado)…

Nuevas tasas a los productos a precios baratos que hagan dumping social o ecológico para conseguir cuotas de mercado y destruir empresas locales (llámenlo demundialización como el señor Montebourg en Francia, proteccionismo o sentido común).

Y olvídense de quiénes miran a las pateras que cruzaron el Estrecho como culpables de todo lo que nos pasa. Ellos no suben la prima de riesgo ni hunden bancos. O de quiénes levantan banderas enormes y azuzan los sentimientos bajos para distraernos, lo que quieren esconder es directamente proporcional al tamaño de sus banderas.

Debemos pasar  una Segunda Transición. Es el momento de decidir qué modelo de país, de Estado, queremos. Aprovechemos la ocasión, veamos la crisis como una oportunidad de crear algo nuevo. Somos capaces de grandes momentos, no sólo de grandes fracasos.

No dejemos que repitan las palabras de aquel político recogidas magistralmente por Javier Marías en ‘Corazón tan blanco’:

“La gente sólo quiere dormir, los arrepentimientos anticipados nos paralizarían, imaginar lo que viene después de los actos aún no cometidos es siempre horrible, por eso los gobernantes somos tan imprescindibles, estamos aquí para tomas las decisiones que los demás nunca tomarían, inmovilizados por sus dudas y por la falta de voluntad. Nosotros escuchamos su miedo. ‘Los dormidos, y los muertos no son sino como pinturas’, dijo nuestro Shakespear, y yo a veces pienso que las personas todas son sólo eso, como pinturas, dormidos presentes y futuros muertos. Por eso nos votan y nos pagan, para que los despertemos, para que les recordemos que aún no ha llegado su hora que llegará, y sin embargo nos hagamos cargo de sus voluntades en el entretanto. Pero claro, hay que hacerlo de manera que ellos crean todavía que eligen , como las parejas se unen creyendo ambos que han elegido despiertos”

Despertemos, pronto. Antes de que Lady Macbeth nos susurre su frase ante los cadáveres. Tenemos que pasar página. Ya lo hicimos una vez. Y lo llamamos Transición.

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4 comentarios sobre “¿Qué crisis? Hacia una segunda transición.

  1. Muy bueno el texto, Alberto. Grave, profundo, completo.

    Pienso que en la base de este descomunal problema al que nos enfrentamos hay una sencilla cuestión filosófica. La sociedad abrazó la nueva teocracia que proclamaba una doctrina tan falsa y perversa como seductora: “La única forma de alcanzar el bienestar colectivo es la búsqueda del máximo beneficio individual”. No es más que eso lo que hacen nuestros mayores políticos, banqueros y empresarios. No son culpables, solo son hijos de su tiempo. Cuando hayamos conseguido desparasitar ese imaginario habremos dado el primer paso hacia la futura libertad que vislumbras en tus pensamientos compartidos. Salud, rebelión, abrazos. Javier.

    1. Gracias por tu comentario, Javier. Necesitamos pensar en el beneficio colectivo, pensar que formamos parte de algo más grande y que vivimos en un planeta donde somos una parte pequeña de ese conjunto. De la manera en que vivimos ahora vamos directos al fracaso colectivo y, por ende, individual. Me gusta compartir mis ideas, contigo, mucho más.
      Abrazos, Alberto.

  2. Estamos sintonizados, hace un año (en 2011) creamos una red social con este mismo nombre – Sinapsis.
    Entre algunos amigos de Argentina, Chile y Brasil, para potenciar esta co-creación colectiva y colaborativa en la politica de todo el Mundo. Ya no aguantamos mas tanta corrupción y manipulación…

    Estás invitado – sinapsis.realdemocracia.org

    1. Me hace feliz saber que existe una red con la misma idea y ¡hasta el mismo nombre!
      Acepto encantado vuestra invitación.

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