Ofrendas y hecatombes.

La hecatombe designa la ofrenda de bueyes, etimológicamente cien, que en la Antigua Grecia, se llevaba a cabo en honor de algunos dioses, como Apolo o Atenea. El termino se extendió a otras festividades donde se celebraban grandes sacrificios. Las hecatombes eran queridas por el pueblo, porque proporcionaban carnes jugosas.

Terminados los  latinos idus de marzo, que dejaron un inesperado resultado electoral andaluz y una huelga general desigual pero fuerte en la protesta callejera, el tiempo avanza y el mes de abril se ha transmutado en el griego Hecatombeón, el mes de los sacrificios ofrecidos en el altar. Los bueyes, la Sanidad y la Educación, los mayores y los más jugosos de la manada. Los dioses deberían estar satisfechos con un sacrificio de tal calibre.

Naturalmente, los sacerdotes que lo ejecutan saben que los devotos que miran al templo es

tán aterrados. Los antiguos sacerdotes que indignaron a los dioses se unen al terror para disfrazar sus culpas. Y el resto de los ciudadanos de la polis, que no presta atención a lo

que sucede, no sabe que se ofrendan las piezas más ricas del rebaño de la ciudad.Quizás algunos sectores esperen un sabroso trozo de carne. El problema es que, si se dejaba consumir completamente, se trataba de un Holocausto. Y en ese caso, no había carne para nadie.

Y el caso es que el sacrificio se ha anunciado durante las horas nocturnas, de forma sigilosa, antes de que el Olimpo de los mercados reabra sus puertas. La espiral hacia abajo continúa. Nadie sabe hasta donde llegará. O sí.

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