Carta a un presidente normal.

Estimado señor D. Mariano Rajoy Brey:

Mis más sinceras felicitaciones por haber sido capaz de obtener un gran apoyo popular a su candidatura y a la de su partido.

Le escribo estas líneas como cuidadano consciente y preocupado por su país como tantos otros, le hayan votado o no. A todos nos interesa que su ejercicio del poder político sea fructífero, por el bien de todos en momentos complejos. Las dirijo a su cuenta de twitter y a la web de su partido. Puede que por azar, caiga en sus manos. Muchos ciudadanos querrán comunicarle sus inquietudes y reflexiones, no olvide escuchar.

El objeto de esta carta es transimitirle algunas propuestas e ideas para su consideración. Son fruto de la reflexión, del estudio y del ejercicio profesional.

Estoy convencido que el eje de su actuación va a estar centrado en la economía. Efectivamente y, como resultado de las políticas europeas actuales nos pedirá austeridad y recortes de las transferencias públicas. Cierto es que la deuda excesiva es una manera de caer en manos de los especuladores y del dinero internacional. Cierto es que hay derroches absurdos (aeropuertos inviables, obras faraónicas en general….), pero también que hay servicios públicos que repercuten en la mejora de la vida de nuestra sociedad y en el progreso futuro para todos. Recortar por recortar sin plantearse cómo se podría mejorar la eficiencia y el mejor uso del dinero público sería un gran fracaso. Cuánto se podría mejorar sólo cambiando el sistema de remuneración de los funcionarios públicos por algún sistema que alimente la eficiencia y el trabajo y penalice el absentismo o las malas prácticas, así como la introducción de una evaluación objetiva. Recortar a todos por igual fomenta la desidia, recortar por igual tiene un riesgo moral evidente, como el que la señora Merkel nos recuerda a los demás sobre la deuda, cuando los que no trabajan suficientemente ni adecuadamente reciben el mismo trato que los demás.

Pero sobre todo, hablenos de formulas para el crecimiento, pero un crecimiento sostenido y sostenible. Por mucha austeridad que ponga en marcha, sin crecimiento no hay futuro. Pero habría que ir pensando en un crecimiento que se haga sobre un uso racional y equilibrado de nuestros recursos humanos y naturales. El objetivo original de la economía, como se aprecia en su etimología, era asignar los recursos escasos a los hogares (oikós, en griego), para procurar la máxima felicidad. Eso es de sentido común, es lo normal, que diría usted, los crecimientos desmesurados que sólo dan riqueza a unos cuantos, no es lo normal, ni beneficia a los que le han votado. Estoy seguro de que se ha dado cuenta de que estamos en un crisis de sistema, de modo de producción, de modo de vida, y que esto ha llegado a un límite. Aplique su sentido común a este asunto y verá.

No crea, por tanto, que los problemas ambientales son “externalidades”, en el lenguaje economicista, porque no hay nada más interno a nuestra sociedad que el ecosistema frágil donde vivimos, lo que nos hace felices y lo que hace de nuestro país un lugar hermoso que muchos en el mundo anhelan visitar e incluso desean como lugar de retiro. Tiene que pensar en cómo transformar el modelo que va arrasando con nuestros mejores recursos por uno más razonable y que preserve lo mejor de nuestro entorno.

Busque así nuestras ventajas comparativas como país. Mire a su alrededor y descubrirá que hay muchos ciudadanos y ciudadanas, en el sector privado y público, que han destacado por su innovación y su creatividad. Verá empresas punteras en todo el mundo, patentes nacionales de energías renovables y sistemas informáticos, modelos sanitarios y de investigación médica de primera línea, proyectos educativos avanzados, lugares donde se gestiona el turismo generando riqueza para su entorno… Y una larga lista que prefigura un país moderno y que sabe hacer las cosas bien. Luego puede volverse y promocionar de nuevo el enladrillamiento del país, o volver a incidir sobre las viejas energías contaminantes o peligrosas. Usted aplique su sentido común y verá lo que es lo normal en este caso.

Vera también que el asunto de la energía es uno de los núcleos clave del sistema económico que se cae. Busque usted la manera de hacernos más independientes en nuestro abastecimiento a largo plazo. Vea la manera de evitar que los efectos del cambio climático no hagan de nuestro país un desierto progresivo inhabitable, y procure que no tengamos durante miles de años los efectos que a los ciudadanos ucranianos o japoneses les van a hacer sufrir. En este aspecto sí que tenemos ventajas comparativas, y muchas más que Alemania, que tiene unos objetivos más ambiciosos que nosotros, de momento. Sabe que mirando a nuestros vecinos al sur, podemos también compartir desarrollo en este sentido y benificiarnos mutuamente.

Usted es funcionario del Estado. Sabe perfectamente que los funcionarios están para garantizar el funcionamiento y la independencia de la administración, gobierne quien gobierne. Sabe que el Estado promueve y estimula al sector privado, y suple su ausencia cuando no es capaz de llegar o no quiere a ciertos lugares o ámbitos de la vida pública. Su sentido común, estoy seguro, le dirá que no existe esa oposición entre lo público y lo privado, sino más bien la colaboración, la sinergia. Piense entonces en una adaptación, modernización y mejora de los servicios públcos, más cercanos, menos burocráticos y más eficientes. Hágalos llegar a todos y elimine la duplicación absurda de funciones. Y sobre todo no escuche los cantos de sirena de quienes quieren hacer de estos servicios un objeto de lucro para unos pocos.

Ah! Y no olvide la educación. Mire lo que se ha conseguido hasta hoy, vea de donde venimos, de un país con unas tasas de analfabetismo insoportables en un tiempo no tan lejano y vea los fracasos recientes. Mire al mundo que nos rodea y no se deje llevar por la añoranza de un supuesto pasado idílico. Busque un modelo que se adapte al mundo de ahora, al trabajo en red, al conectivismo, a la colaboración, a la creatividad, a la capacidad de innovación, al plurilingüismo, sin olvidar los fundamentos de nuestra civilización, nuestro enorme patrimonio cultural y lingüiístico y una fuerte formación en el espíritu científico. Y ofrézcaselo a a todos, no sólo a unos pocos. Invierta en esto, y mucho, y sí que habrá conseguido un gran cambio radical.

Vea usted lo que se dice de nuestra cultura en el mundo. Otra verdadera ventaja comparativa de nuestro país. Asociada a miles de pequeñas y grandes empresas, a caballo de una lengua universal y prodigiosa, está en trance de convertirse en una industria potente. Protéjala y abra nuevas vías de acceso a la cultura. Mire cómo países como el Reino Unido ha hecho de su lengua una auténtica industria, así como de su música…Mire como Francia cuida y defiende su excepción frente a la globalización reduccionista, y los beneficios que reporta.

Y, sobre todo, reavive nuestra democracia. La política debe volver. La Política, con mayúsculas. La calle está llena de españoles pidiendo democracia real ya. Ustedes, nuestros representantes, nos tienen que representar, es de sentido común, es de cajón, es lo normal. Si no es así, no dude usted que los representados acabarán por buscar otras vías. Centrénse en los problemas de la gente, discutan seriamente los temas que de verdad importan, hagan didáctica política, informen transparentemente, no se dediquen a separarnos, sino a unirnos, no creen probleman donde no los hay, y escuchen. Escuche usted sobre todo. No olvide lo que le pasó a los presidentes que no escucharon a su pueblo.

Espero que tome usted en consideración los esbozos de ideas que le envío. Son sólo ideas de sentido común. Lo normal, lo que usted tanto reivindica. Lo normal es, también, que un presidente escuche a sus ciudadanos. Suerte.

 

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