La mala educación.

El título de esta película de Almodóvar sirve perfectamente como expresión de la situación política española al comienzo de curso. La educación entra de lleno en la escena nacional, no para discutir propuestas de mejora o un nuevo planteamiento a fondo de la educación que queremos entre todos.

No. Entra como mero efecto colateral de la crisis económica brutal (me aventuro a decir que sistémica) que padecemos. La educación se convierte en un número más y, así, caen numerosas medidas de apoyo educativo y aspectos centrales como la tutoría (en la Comunidad de Madrid). Por supuesto, caen miles de puestos de trabajo en toda España, que engrosarán la lamentable cifra de paro que sufrimos.

Sin entrar en el sinsentido económico de esta espiral hacia abajo en la que, cada vez más economistas de todo signo afirman, estamos entrando en Europa, se pierde una oportunidad más de llegar a un consenso nacional sobre la educación que queremos. Se pierde una vez más la oportunidad de cambiar este sistema educativo por otro que se adapte al mundo en el que vivimos y que proporcione, a la vez, herramientas para el mundo laboral y para una mayor felicidad personal y colectiva.

Se piensa en corto. Se piensa en términos económicos, pero no de aquellos economistas cultos a los que hace referencia el economista chileno Manfred Max-Neef , sino en aquellos que se sientan en el FMI y que fueron incapaces de detectar la que se avecinaba tras Lehman Brothers porque no ven más allá de sus modelos matemáticos sin conexión con la realidad. Así, se calcula el ahorro ahora, pero no los resultados que vendrán de los recortes que se efectúan.

Y la guinda la pone el empeño en desprestigiar a la profesión docente desde dirigentes políticos y sus conexiones mediáticas. Desprestigio de una profesión entera que hace tan solo unos meses antes se pretendía reforzar con el apoyo a una autoridad de tipo policial verdaderamente desfasada. Qué se pretende recoger con esto es algo que desconozco, pero me causa pavor a medio plazo.
Sin duda, se pueden hacer esfuerzos por parte del profesorado, tanto laborales como económicos, como ya se han hecho con la reducción salarial media del 7% sin más protesta. Pero cualquier sacrificio debería ir acompañado de pedagogía, no del desprecio.

Y, finalmente, el subliminal desprecio por lo público, lo que es de todos, y a lo que todos podemos recurrrir porque es nuestro. Lo público como lugar libre de encuentro, como patrimonio de todos. Pero esto es un capítulo mucho más profundo, y de más largo recorrido.

Tengamos todos presente que una educación de todos, apoyada y considerada por todos es el mejor mecanismo de reducción de desigualdades, de promoción de la cultura científica, técnica y humanística. Y es un patrimonio frágil, que, una vez se rompe, es difícil de restaurar. Y sobre todo, si al romperlo, se hace con mala educación, con muy mala educación.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s